Otra vez la lluvia la noche, de Susana Barragués

1. PortadaAugust 23, 2008 11:14 pm

 Otra vez la lluvia la noche, un poemario de Susana Barragués

Otra vez la lluvia la noche
© Susana Barragués, 2008

Edita: Mikado Libroblogs
Nº 4 de la Colección Traviesas de Poesía

Prólogo: Tomás Sánchez Santiago
Portada: Sobre un cuadro S/T, de Juan Rafael Álvarez
Al cuidado de esta edición: Eloísa Otero

2ª Edición: León, agosto de 2008

(1ª edición: Junta de Castilla y León, Valladolid, 2000) 

 

2. Sobre Susana Barragués Sáinz 11:14 pm

 Susana Barragués

    SUSANA BARRAGUÉS nació en Bilbao, en 1979, aunque su infancia y juventud transcurrieron en León. Licenciada en Ciencias Ambientales (2001), Máster en Cambio Climático (2002), y Licenciada en Humanidades (2006). Desde hace unos años reside en Pamplona, donde trabaja como desarrolladora de proyectos internacionales de energía eólica e imparte talleres de creación literaria en la Fundación IPES Elkartea.

    Ha recibido, entre otros, el Premio de la Academia Castellano Leonesa de Poesía, el Premio Ana Maria Matute de Narrativa Corta y el Premio Injuve de Poesía. Ha publicado el libro de poemas Los hipódromos del corazón (Fundación Jorge Guillén, 2002), La campesina fascinada (Injuve, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2007) y el libro de relatos cortos Los ladrones de cerezas (Fundación Bilaketa, 2007).

    Con el pequeño poemario que reeditamos aquí, Otra vez la lluvia la noche, Susana Barragués obtuvo el Premio Letras Jóvenes de Castilla y León en 1999. El libro se publicó al año siguiente en una colección de la Consejería de Cultura de Castilla y León (Valladolid, 2000) y ahora mismo resulta inencontrable.

3. Prólogo 11:13 pm
 
 
TORMENTA Y GORRIÓN
 
    El idioma de la impaciencia es ágil y húmedo como una rodilla mordida de pronto sin consideración. No pesa ni se queja si se le arrancan plumas. Y de él puede brotar de todo: sílabas nebulosas como licores pobres y económicos, avisos a lo turbio, olor a gas desconsolado, pedazos de contratos que no respaldan nada ya… ¡menuda batería de presencias agazapadas que nadie sabía dónde se metían a pronunciar un nombre, ahora prohibido…! El idioma de la impaciencia, sí: los adjetivos aventados cuanto antes hacia la decoloración, los verbos con la musculatura vegetal bataneada por la memoria, el discurso ya sin ventajas de lo oscuro memorable que ahora enseña música de hematomas en vez de uñas. Una apuesta por lo invertebrado que, sin embargo, aún aguanta en pie años después.
    El idioma de la impaciencia: apalear llorando las alfombras al lado de una ventana hasta creer que las pisadas desaparecerán del todo.

    A veces, bajo esa desbandada resiste, sumergido e indemne, un relato que no tiene comprensión sino alcance. Como el gorrión de ese poema inicial que baja después de la tormenta a lavarse a los charcos, y entonces ya todos sabemos —pero nadie nos lo dijo— que es posible salir a la calle sin miedo.
    Algo así es lo que queda entre las manos del lector tras los poemas de Otra vez la lluvia la noche, el hermoso libro de Susana Barragués que ahora aparece así, en la pantalla (líquida, naturalmente, y llena de parpadeos de fósforo) del ordenador, haciéndose húmedo y vertical él mismo, como tantos de sus versos por los que discurren todos los nombres del agua: lluvia, mar, sudor, jarabes, lágrimas…
    Imposible no agarrarse aún hoy a la propia inconsistencia urgente del lenguaje de estos poemas para seguir en el hechizo de su secuencia. Se prefirió la música a la lógica (“el adiós cuando la orquesta al agua / de tu nombre me voló los sueños”); se prefirió lo escurridizo a la firmeza de lo seco (“te habías convertido todo de hueso”); se prefirió un salpicón nominal de alfileres que fue dejando nombres espolvoreados sobre la cabeza del lector una y otra vez, como la propia lluvia que empapa los diecinueve poemas. Una y otra vez…
    Había que contarlo, seguramente. Había que liquidar (“¡liquidar!”) una historia por fin resuelta en palabras de humedad y de impaciencia. ¿Y después? Y después dar señales de asomarse al sol, como el gorrión aquel, que conjura con sus jugueteos la tormenta sobrepasada; quizás como ese gato que en otro poema se relame a cucharadas con su propia lengua, bien escalfado sobre la lluvia de la carretera.
    Los libros juveniles —éste lo es— suelen perder gracia cuando el tiempo les da demasiado de cara. Quienes los escribieron sólo se atreven a mirarlos de reojo; quienes los leen están dispuestos a ser, todo lo más, concesivos. No siempre es así. Cuando el lenguaje borró el dibujo del relato y se acabó imponiendo a él fresco y con pulso, persiste una hermosa validez: convengamos en llamarla poesía. Es lo que ocurre con Otra vez la lluvia la noche, donde un desacuerdo feliz entre relato (aceite) y lenguaje (agua) acaba a favor de éste último, que dura todavía con esa levedad de postal sobreviviente, tan próxima a un haikú deshuesado y lleno de vapor, pero que es lo que aún mantiene erguidos a sus poemas: “El invierno llora de legumbre / y de jarabe. / La tarde moja, fundió la luna, / así de larga e interminable esa cigüeña”.
    Trazos de pincel que han soportado todos los ruidos, garabatos dispersos que fundan el perímetro de una exactitud. Lo escaso suficiente para dar fe. Como —otra vez— una tormenta con gorrión. Eso es.

 
Tomás Sánchez Santiago  

4. Otra vez la lluvia la noche 11:13 pm

Tormenta

otra vez la lluvia la noche
la noche repleta de rodillas frías, la tormenta
con gorrión la lluvia
otra vez la lluvia, la grieta de agua
de la noche,
la alcantarilla rota de la noche, de los labios,
lo que resta de los labios, la tormenta
el pasapuré de lluvia la ciudad

Silencio los gatos

que la luna se abolla, todos duermen.

Tu pupila de agua

Muy de lejos a lo lejos se deduce el mar
entre la ropa vuelve
vuelve el mar borracha una medusa
a las rodillas,
los terrones de la tarde entre los sueños
como el mar en las postales
como un buzón azul el mar
con flotador por si de nuevo como ayer
como la tarde se acababa
vuelves a mojarme por llorar así de cerca…

En el biombo de los sueños

    Todo el día me pasé esperando en un poema con motín y naipes y abedul. Todo el día me esperé a que vuelvas como siempre caminando por el forro de la calle como la fecha de los martes o las mentiras de los niños. Emigré de luna por la noche con los labios en la lluvia con tanto bote y glicerol y tanto miedo a que olvidaras que para cuando quise recordarte y volver a canjear mis sueños por otro invierno de bufanda me encontré que ya no estabas que te estabas divirtiendo en la pupila de algún gato que te habías convertido todo de hueso en una minúscula pequeña tarde de papel y grillo.

Siesta

Siempre se oye el tren el viento en la posdata
de la tarde por los suelos
por el tiesto roto de la siesta,
soñar el mar sin avellana
los andenes fríos
las cigüeñas largas
el adiós cuando la orquesta al agua
de tu nombre me voló los sueños.

A lo lejos, el adiós

El invierno llora de legumbre
y de jarabe.
La tarde moja, fundió la luna,
así de larga e interminable esa cigüeña.

Y la noche sin farmacia

Inútilmente pienso en qué pájaros bobos qué
luna de títeres azules ni mentira
triste tu pupila
inútilmente, pienso golondrinas negras
de memoria palabras que repiten mar
mar mentira exacta
tu pupila triste

y nada ni siquiera el mar entre los sueños
de esta noche sin farmacia ni aldeas nada
vuelve a pronunciarte

así que desde ya a partir de cada instante
desde aquel delito dulce de tus ojos devuélveme
todo lo que inútilmente pensé en ti.

Cayó la lluvia

El silencio es la fiebre azul
de habitaciones suaves y vacías
de esta industria de paredes
soledad a oscuras,
el silencio es la bañera fría
de palabras la vitrina
nocturna leve del olvido,
el derribo de abedules
labios en silencio cuando
la subasta absurda vengativa de los sueños.

Nada más

Exijo préstame tus sótanos tu media
noche de gaviotas frías
el tráfico
de manzanas en invierno,
tu pupila de agua,
o adónde ya sino los sueños.

3.05 a.m.

Telegrafíame tu adiós de periferia y desencanto.

Llorar

Llueve gris despacio inaccesible donde el mar
donde la lluvia me abatió de charcos sin estufas
sin colchón despacio te olvidé azul llena de ranas.

Tarde

Cada tarde en que equivoco tiempo
soledad como los álamos despacio cada tarde
cuando llueve cuando la lluvia pálida

cada tarde en que menciono labios
en silencio entre las lápidas los sobres
grises de algún nombre alguna letra por las tardes

cuando muero cuando el mar es una tumba
de licores un remite denso una bodega
de medusas o una alarma de agua.

Así que

Suéñame sobre una noche a pesar de las lechuzas
del olvido aquel de los pantanos suéñame si quieres
sobre las ventanas grandes

entre las macetas y los gatos que miran triste
y lejos como el sol o la mentira

como el salitre como un mar negro
en calma un cofre unos minutos
suéñame
hasta sin noche sin tranvía sin que sepas pero.

Quién dijo sueño

Y ahora que me miras de agua
y avenidas grises
que me miras monstruos y verbenas
ahora que
de añil palabras turbias
y poemas
me envenenas en las noches que ya deduzco
de memoria como si
nada ya
nada como si el miedo o el invierno

y la sentencia.

Declaración de mediodía

Me arrimé a tu siesta a tu estación sin lluvia.
Junto a la estufa de la tarde como un anciano que envejece
de pan y corcho.

Con lluvia y gato y todo

    No estaba previsto que la tormenta se tirara calle abajo hasta llenarme las rodillas de jirones y tanta ortiga y arañazos. No estaba prevista esta tormenta en medio de la lluvia que ya moja bastante ni el barril de tu mirada de agua o era regaliz lo de tus ojos lo del frío que pasé con tus palabras. No estaba previsto que dijeras todo aquello de la noche y sus centímetros porque no me importa si te alejas más despacio que el verano o si regresas otra vez con lluvia y gato y todo a recogerme alguna tarde con café los sueños de mentira y trapo.

Cómo decirte

Y para volver a repasar la caligrafía de los labios
después de tantas horas de museo
de somier y coordenadas,
sólo para volver a perder las comisuras un
centímetro más cerca
cuando la luna ronca en su somier
de lata y nadie más lo sabe
necesito un silencio hondo un ave una manzana
un niño de agua como tú todo repleto de hipo y susto.

Escucha

Ya no sé si nos perdimos si la noche
me encontró
subida a los andamios locos de la luna
o a algún tren de cercanías,
ya olvidé si nos perdimos si era tarde
o fue culpa del reloj o de los grillos

sólo sé que me perdí, que la noche estaba prieta,
ya rota de lluvia
disparé a tu gato, dije adiós.

 
Paseo

Se relame un gato la lluvia
de la carretera.

Y qué si vuelve turbia la noche
enferma
exacta se atrevió esa luna
plátano descalzo de los sueños
varios,
si lloro absurda tarde
entre las malvas
los poemas
donde cierto el tiempo ilusión vulgar
de la existencia.

 

5. Colofón 11:12 pm

 

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Se terminó de editar este libroblog
nº 4 de la colección Traviesas de Poesía
en León, en agosto de 2008 

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